Cómo introducir el ajedrez en el aula (Parte II)
En el anterior artículo escribía acerca de, según mi experiencia, las tres partes de introducir el ajedrez en una clase de Primaria. En el mismo me referí a lo malo que creo que hay en la introducción del ajedrez a toda costa en el aula sólo para darse importancia o relevancia a un determinado colegio. Estos colegios usan métodos que hace que el ajedrez educativo pueda ser visto por el sistema educativo de su entorno como una asignatura más. Si bien no estoy totalmente en contra de esto, creo que hay más por hacer siempre y cuando se quiera.
Hoy me referiré a lo feo que me he encontrado en esta parte del camino, por ello me centraré en el alumnado y en como ven ellos el ajedrez dependiendo de la metodología que he utilizado.
Lo Feo
Primeramente, me referiré a lo que algún/a padre/madre me ha preguntado alguna vez: “Entiendo la necesidad de que mi hijo/a estudien… (pongan aquí la asignatura que quieran), pero no veo la necesidad de que aprendan a jugar al ajedrez que, además, no le gusta”. Y saben qué les digo, estoy totalmente de acuerdo con esta persona me expone. Yo tampoco veo la necesidad de que aprendan a jugar al ajedrez… siempre y cuando se vea el ajedrez como una asignatura más. Si vemos este juego así, entendemos que para el desarrollo futuro de nuestros alumnos no será necesario saber cómo se mueve alguna ficha o las reglas intrínsecas del tablero, tampoco veo la necesidad de que aprendan ciertas normas de comportamiento que se sigue en una partida; y, por último, efectivamente, yo también creo más necesario que aprendan más sobre otra asignatura, materia o disciplina.
Además, cuando he seguido este tipo de propuestas, generalmente ha causado en la clase una gran pasividad, llevando esta a la inactividad. Es decir, te pones delante de la clase, das una charla magistral (eso todos lo sabemos hacer), dices lo que hay que hacer y los niños, más mal que bien, lo hacen. Y es que ellos tienen la virtud de que casi nunca se cuestionan lo que les pides que hagan, simplemente lo hacen.
Todo esto conlleva a una gran decepción por parte del alumnado y del propio maestro. Te has preparado la clase lo mejor que has sabido hasta ese momento, la explicas y ves con gran decepción que sólo un 20-30 % de tus alumnos están realmente enganchados a esto (en un aula de entre 16 y 25 alumnos, esto es que ‘enganchas’ a 3 o 4 alumnos). Y ya que te frustra tu primera intentona, y como eres previsor tienes preparado toda una artillería por si hiciera falta, empiezas a poner más ejemplos y más charlas, y no te quieres dar cuenta, pero para cuando acaba la clase de esos 3 o 4 alumnos ves con gran sorpresa que has pasado a una cifra récord. Al final del día, te vas con la sensación de que has conseguido desenganchar a toda la clase del ajedrez. Y no sabes por qué, y ellos tampoco saben muy bien por qué deberían estar perdiendo el tiempo sabiendo mover una pieza o cuáles son los movimientos necesarios para dar jaque mate.
Pero tranquilo/a compañero/a, creo que no es culpa tuya, es culpa de la metodología que se usa y de los objetivos mal diseñados que se plantean en la asignatura.
El ajedrez, de por sí, es un juego “lento”. Esto es, no todas las piezas se mueven a la vez, hay que esperar a que tu rival mueva para poder mover otra vez, una vez hecho esto tienes que pensar y volver a esperar. Y como todos sabemos, los niños lo que más quieren es estar sentados en su sitio sin moverse, calladitos y esperando.
En este momento te planteo una pregunta que dejaré abierta ¿te has planteado en algún momento cambiar la metodología?
Finalizando esta entrada, mi opinión es que este tipo de metodología se aplica muy bien en escuelas de ajedrez más tradicionales, donde los niños que van sí que quieren aprender todas estas cosas para mejorar su nivel de juego. Sin embargo, en la clase, no creo que sea esta la situación. Eventualmente puede que haya alguno/a de tus alumnos/as que sí quieran esto, les apasione estas cosas para poder ganar “más rápidamente” las partidas y vacilar a sus amigos y compañeros. Pero no creo que sea la metodología apropiada para introducir el ajedrez en el aula.
En la siguiente entrada analizaré lo que creo que es lo bueno de la enseñanza del ajedrez y por qué creo que es una herramienta estupenda para ayudar a buscar junto con otras asignaturas, los objetivos que buscamos en la Educación Primaria.