Ajedrez en el aula

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Cómo introducir el ajedrez en el aula (Parte III)

Antes de seguir con las reflexiones que me han traído hasta aquí, me gustaría daros las gracias por la gran acogida que estos artículos han tenido.

Y ahora sí, ha tocado pasar a analizar bajo mi punto de vista lo bueno de la introducción de esta maravillosa herramienta que es el ajedrez en una clase de primaria.

Lo bueno

Para ello me centraré en la forma que tienen los ajedrecistas más loados para resolver diferentes situaciones que se les presenta en una partida de ajedrez. En este punto, recomiendo a las personas que quieran profundizar más, que vean acerca del algoritmo de razonamiento que ideó el tercer campeón del mundo José Raúl Capablanca. En el mismo, analizaba todas las posibilidades de una posición determinando cuál era su objetivo, cuál era el objetivo de su rival y cómo era la mejor forma de llevar a cabo su plan. Cuando la situación cambiaba por el movimiento de las piezas se volvía a entrar en bucle en este algoritmo hasta el final de la partida. Aunque parezca algo lento, todo esto hace evidente tres preguntas que creo que todos nos hemos planteado en nuestra vida adulta alguna vez, qué quiero hacer, qué quiere la sociedad (familia, amigos, trabajo…) que haga y cómo puedo actuar de la mejor forma posible para conseguir mis objetivos.

No me desvío del tema. Fíjense que en los anteriores dos artículos he hecho hincapié en la enseñanza del ajedrez de una manera más tradicional, memorizando posiciones y cómo lo han solucionado los mejores jugadores del mundo, pero la realidad es que ninguno de estos grandes jugadores han sido capaces de memorizar todas las posiciones que se han jugado a lo largo de la historia y mucho menos su solución más correcta. Si se fijan cuidadosamente en una partida de ajedrez, al empezar cada bando tiene 20 movimientos posibles, eso significa que en una sola jugada deberían poder memorizar 40 movimientos y respuestas correctas a las mismas. Pero si nos vamos a la jugada 5ª o 6ª, estos posibles movimientos vemos que su progresión es de forma exponencial hasta las posibles 1000 posiciones diferentes que se pueden encontrar en el tablero. Imagínese usted las posiciones que se pueden dar en una partida de alto nivel en la posición 15 o 20. Y, además, tenga en cuenta que una partida entre dos tipos de este nivel suele tener una media de entre 60 y 80 jugadas.

¿Quién podría memorizar todos esos patrones posibles que se pueden llegar a ver? ¿Quién, en su sano juicio, querría memorizar todo esto? La respuesta a las dos preguntas es nadie. Lo que hacen todos estos grandes jugadores es aplicar, de una manera u otra el algoritmo que describí en el párrafo anterior de pensar la mejor manera de acabar con su objetivo y anular el de su contrario.

Entonces, primeramente, tenemos de beneficio el hecho de pensar. Y puede que esto, en los tiempos que corren actualmente lo de pensar no lleve a ningún sitio, pero esta forma de desarrollar nuestro sistema cognitivo a esquemas abstractos, es decir, que no vemos en la realidad, junto con otros aspectos del desarrollo físico, es lo que Piaget indicaba como evolución del ser humano. Este pedagogo se centró sobre todo en el desarrollo del ser humano en su edad escolar.

En segundo lugar, pongo la forma de enfrentarse entre dos contrarios en un tablero de ajedrez. Los dos aceptan las normas del juego, y ante todo saben que, si se gana o se pierde, es por culpa de ellos, porque no han sabido, o sí, pensar mejor que su rival. Y esta forma actuar nos lleva al segundo punto de desarrollo, la concentración. Si enseñamos adecuadamente ajedrez a nuestros alumnos, veremos una evolución mucho mayor de su concentración en las tareas en las que tenga que pensar.

Este tipo de forma de enseñar ajedrez en el aula la enmarco más con las teorías metodológicas que involucran a la persona en su propio aprendizaje, ya que no hay nadie mejor para solucionar mi partida de ajedrez que yo mismo, ya que, si quiero demostrar que mi forma de pensar es mejor que la de mi rival, tengo que ser yo y nadie o nada más el que le venza.

En mi opinión, este es el enfoque más adecuado que le podemos dar al ajedrez si lo queremos poner en marcha en nuestro aula de educación primaria. Evidentemente, no es la única herramienta que nos ofrece todos estos aspectos positivos que he postulado anteriormente, pero sí puede ser una herramienta más para utilizar en nuestra forma de actuar en el aula. El ajedrez, junto a la música, es la única actividad humana que activa al mismo tiempo los dos hemisferios del cerebro, y esto se consigue por la creación y la ejecución lógica de la misma. En música tenemos la composición, con la lógica que da la armonía, y en ajedrez… ¿Nos echamos una partidita?

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